Sra ESCALA: Innovación de garaje en la sanidad española

3 10 2011

Elena Escala Sáenz

Redactora Jefe de Diariomedico.com

Microsoft, Apple, HP, Google… Todas estas empresas tienen en común que fueron puestas en marcha, bien literal o metafóricamente, en un garaje. Es decir que los proyectos que las sustentan fueron desarrollados al margen del Establishment, como actividad voluntaria, amateur y colaborativa. Proyectos, además, en los que se ha invertido mucho tiempo y esfuerzo personal.

Estas historias de éxito han hecho pensar a algunas instituciones y administraciones públicas que una idea, un garaje y un par de horas libres después del trabajo bastan para innovar en cualquier sector, incluido el sanitario. Creencia que además se apoya en la idea de que Internet y los Social Media son los garantes de la innovación del siglo XXI.

Hasta hace poco la innovación se relacionaba casi exclusivamente con la élite, sobre todo institucional, lo que suponía entrar en un circuito muy regulado, conservador en pensamiento y en recursos, rígido y poco dado al riesgo y a la improvisación.

Fuera de estos círculos era muy difícil que el profesional sanitario encontrara los recursos técnicos y estratégicos necesarios para innovar. ¿Dónde llamo? ¿Hay un servicio de atención al innovador? ¿Unas páginas amarillas? ¿Quién me ayuda a desarrollar mi idea?, se preguntaba.

Esta falta de información y de recursos ha provocado en más de una ocasión el fracaso de una empresa. De hecho, más de la mitad de las empresas españolas fracasan por motivos financieros, por errores de calculo; pero el porcentaje de fracaso atribuible a la falta de experiencia o de conocimientos en el ámbito profesional es muy bajo.

Esto retrata bastante bien la situación del profesional sanitario, que cuenta con conocimientos y una excelente preparación, pero se encuentra con problemas a la hora de desarrollar sus ideas bien porque no conoce las herramientas empresariales y de gestión, o porque desconoce cómo obtener recursos.

Aunque este circuito tradicional de innovación se va flexibilizando poco a poco, sólo la Web 2.0 ha sido capaz de producir un cambio sustancial, democratizando el proceso de innovación.

Gracias a Internet y su carácter viral un individuo, si sabe manejarse en este complejo entramado cibernético, puede emprender e innovar fuera de los circuitos habituales. Cada vez cuenta con más herramientas para mostrar, extender, promocionar y financiar sus ideas consiguiendo que sus proyectos sean productivos y rentables.

Incluso estamos empezando a ver en Sanidad la figura del intraemprendedor, el profesional que aun trabajando por cuenta ajena en una empresa o institución, utiliza la innovación y la creatividad para desarrollar proyectos o productos originando pequeñas start-up de las que su empresa, aquella para la que trabaja habitualmente, es la principal inversora. Es decir, el emprendedor encuentra en su propia empresa a su principal aliado.

Así están surgiendo exitosos proyectos de telemedicina, consultas virtuales, gestión de pacientes crónicos, reducción de la burocracia, formación, redes sociales para el intercambio de conocimiento, proyectos para promoción de la salud…

No existe una hoja de ruta de la innovación y no sabemos cuáles son las claves que garantizan el éxito. Pero lo cierto es que cuando alguno de estos innovadores sanitarios de garaje tiene éxito en el desarrollo de su idea, todo el sistema sale ganando. Y sin embargo, ese esfuerzo no siempre es compensado, reconocido o apoyado por el sistema.

Es un error pretender que la innovación en Sanidad se sustente casi exclusivamente en la innovación de garaje, en muchos pequeños esfuerzos no recompensados o apoyados.

Los proyectos que los profesionales sanitarios están poniendo en marcha de manera individual o colaborativa deben estar necesariamente en las agendas empresariales, institucionales y académicas, teniendo un impacto real en las políticas de salud pública.

No basta con la voluntad para innovar, y no todos los profesionales españoles tienen un garaje. Es imprescindible un compromiso serio de todos los agentes que conforman el sector sanitario.



Sra ESCALA: Médico busca socio 2.0 en el sistema sanitario

4 10 2010

Elena Escala Sáenz

Redactora Jefe de Diariomedico.com

Aunque surgió en la década de los 70, hemos tenido que esperar hasta el siglo XXI para que el concepto de empowerment o empoderamiento se popularice.

En el terreno sanitario se habla principalmente del paciente empoderado; es decir, del paciente con capacidad y recursos para gestionar adecuadamente su salud, tomar decisiones y participar en las instituciones sanitarias. Pero, ¿existe el médico empoderado?

Tradicionalmente la responsabilidad sobre asuntos de salud ha recaído en el profesional sanitario y en las instituciones. Se asumía que el ciudadano no tenía interés o no estaba capacitado para el manejo de los asuntos de salud. Simplemente recibía un diagnóstico y un tratamiento sin replicar, y en ningún momento se planteaba la posibilidad de que pudiera opinar, criticar o participar en la toma de decisiones.

Ya queda poco de este modelo paternalista, pues el proceso de empoderamiento del paciente nos está llevando a un nuevo modelo consultivo y participativo en el que el ciudadano tiene más acceso a la información médica, más autonomía y, sobre todo, mayor preparación para interpretar la información médica.

El paciente empoderado se está dotando de las herramientas necesarias para la gestión de su salud apoyándose, principalmente, en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y en las redes sociales. Miles de personas organizadas en internet intercambian experiencias personales y terapéuticas, y buscan en el profesional sanitario un aliado para validar los conocimientos adquiridos y gestionar mejor su salud.

Algunas instituciones han entendido bien este proceso y, aunque no del todo convencidas, en un ejercicio de tolerancia han puesto al servicio del paciente herramientas de participación, valoración y de gestión que dan más transparencia al proceso de salud, convirtiendo al paciente en un partner del sistema sanitario.

Sin embargo, al médico español le está costando mucho más trabajo empoderarse y convertirse en un partner del sistema sanitario. Mientras el paciente gana autonomía, el médico se siente cada vez más limitado en su capacidad para elegir profesión o especialidad, en su acceso a la tecnología, a la hora de prescribir y de decidir o controlar el tiempo dedicado a sus pacientes.

El empoderamiento de la profesión médica dentro del sistema sanitario parece mucho más compleja, costosa y, según algunos, peligrosa, por lo que las iniciativas que dotan de poder y autonomía al médico escasean.

Las bajas expectativas de encontrar un partner en el sistema sanitario ha obligado a muchos médicos a innovar con iniciativas individuales y privadas para mejorar su práctica profesional e incluso para aliviar la carga asistencia en su consulta.

El médico está buscando fórmulas que le den más control en la organización y en la ejecución de su trabajo; está estableciendo un diálogo personal con el paciente mediante la prescripción de links y el seguimientos por correo electrónico, Twitter o Facebook; está enseñando y divulgando a través de blogs e incluso une su voz a la de otros colegas en proyectos innovadores.

Los médicos, al igual que los pacientes, se están organizando en torno a las TIC para influir en las políticas de salud pública, para mejorar su práctica clínica, la organización y la gestión de las institutciones en las que trabajan, creando así una nueva forma de trabajo.

Y todo esto resulta del esfuerzo personal.

La Sanidad española no parece preparada para acoger a este nuevo profesional, apenas le dota de herramientas de gestión y lo que para algunos son iniciativas innovadoras, para otros no son más que ‘salidas de tono’ en un sistema extremadamente jerarquizado y burocratizado.

Pero soplan nuevos vientos y todos, incluso las instituciones sanitarias, estamos llamados a innovar en salud. ¿Conseguirá encontrar el profesional español un partner 2.0 en el sistema sanitario?