NEUROEDUCACIÓN, O CÓMO EDUCAR CON CEREBRO

14 05 2015

Los reciente descubrimientos acerca de cómo funciona el cerebro están arrojando luz sobre los procesos de aprendizaje. Entender mejor cómo adquirimos nuevos conocimientos puede ayudarnos a mejorar las escuelas y el sistema educativo. Científicos y maestros comienzan a ir de la mano.

 Si pudiéramos colarnos de puntillas en una clase de literatura de una escuela finlandesa, tal vez pensaríamos que los niños están en el recreo o haciendo una pausa. Porque no nos encontraríamos al profesor en la tarima explicando la obra de, pongamos por caso Shakespeare, y a los chicos tomando apuntes y escuchando. Nada eso. Muy probablemente, veríamos a los alumnos repartidos en pequeños grupos elaborando listas de música que funcionen de banda sonora para expresar los sentimientos de los personajes de Hamlet. O de Romeo y Julieta.

Es sólo un ejemplo real de algo que la ciencia ahora ha demostrado y que muchos profesores y educadores ya comenzaron a intuir hace tiempo: que no aprendemos a base de memorizar conceptos, repitiendo y repitiendo, sino de hacer, de experimentar y, sobre todo, de emocionarnos. Y que si aprendemos en grupo, esos conocimientos perduran con mayor intensidad en la memoria.

Hasta hace apenas 30 años, se desconocía en gran medida cómo funcionaba el cerebro. No obstante, los desarrollos y avances tecnológicos en áreas como la medicina y, sobre todo, las neurociencias nos han permitido escudriñar las neuronas, sus relaciones, y entender un poco más la actividad cerebral.

 

“Eso ha abierto una nueva etapa para poder conocernos mejor a nosotros mismos, para entender mejor cómo funcionamos y aplicar ese conocimiento a áreas tan diversas como la economía, la cultura y también la educación”, considera David Bueno, profesor de genética de la Universidad de Barcelona, especializado en la formación del cerebro y divulgador científico.

Y es así como en los últimos años hemos comenzado a escuchar nuevos términos, como neuromarketing, neuroeconomía, neuroarquitectura y también, neuroeducación, un movimiento internacional, aún incipiente, de científicos y educadores que pretenden aplicar los descubrimientos sobre el cerebro en la escuela y la universidad para ayudar a aprender y a enseñar mejor.

“Hasta ahora habíamos hablado de la memoria, de la atención, la emoción, pero de forma desperdigada, sin realmente darnos cuenta de cómo los códigos que trae el cerebro para aprender o para memorizar son tan esenciales para la supervivencia como comer o beber”, señala el neurocientífico Francisco Mora, quien ha publicado recientemente “Neuroeducación. Sólo se puede aprender aquello que sea ama”, uno de los primeros manuales dedicados a este tema y que se ha convertido en un fenómeno de superventas.

Conocer esos códigos de funcionamiento del cerebro ha permitido demostrar, por ejemplo, la importancia de la curiosidad y la emoción para poder adquirir nuevos conocimientos; que el deporte es esencial para fijar el aprendizaje y también que el cerebro no es un continuum, sino que hay ventanas de conocimiento que se abren y se cierran en función de las etapas de la vida.

Y si hasta ahora educadores y científicos habían estado aislados, unos en las aulas y los otros en sus laboratorios, ahora comienzan a ir de la mano. Universidades como la John Hopkins, en Estados Unidos, ya han puesto en marcha proyectos de investigación en neuroeducación, como también Harvard, que dispone de un programa llamado Mente, Cerebro y Educación que pretende explorar la intersección de la neurociencia biológica y la enseñanza. Es la era de la Neuroeducación.

 

¡Emociónate!

¿Recuerdan cuando iban a la escuela y en determinadas asignaturas les hacían aprender decenas de cosas de memoria? Que si fórmulas de física y química, que si la capital de Colombia es Bogotá, que si la Revolución francesa estalló en 1789… Datos y más datos que el tiempo acaba borrando. Y aún más si el profesor que tuvieron fue bien aburrido. En cambio, seguro que recuerdan a algún maestro que consiguió despertar su atención e interés.

Y es que la emoción es el ingrediente secreto del aprendizaje, dice la Neurociencia, fundamental para quien enseña y para quien aprende. “El binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro”, explica Francisco Mora, experto en neurofisiología. Al parecer, la información que nos llega a través de los sentidos pasa por el sistema límbico o cerebro emocional antes de que sea procesada por la corteza cerebral, encargada de los procesos cognitivos. Dentro del sistema límbico, la amígdala juega un papel esencial. Es una de las partes más primitivas del cerebro y se activa ante cosas que considera importantes para la supervivencia, lo que ayuda a consolidar de forma más eficiente un recuerdo.

Las historias, por ejemplo, suelen funcionar como auténticos despertadores de esta región cerebral. David Bueno lo tiene comprobado con sus alumnos universitarios. “Cuando me toca explicarles, por ejemplo, el triángulo de Tartaglia, una fórmula matemática que necesitan para resolver muchos problemas de genética, les suelo contar que en realidad el matemático italiano que lo formuló no se llamaba Tartaglia, sino Niccolo Fontana. Lo que pasa es que era tartamudo, o tartaglia, en italiano. Y al final el apodo que tenía acabó dando nombre a la fórmula. Esa anécdota hace estallar de risa a los estudiantes y lo mejor es que ya no se olvidan de la fórmula”.

La sorpresa es otro factor esencial para activar la amígdala. El cerebro es un órgano al que le gusta procesar patrones, entender cosas que se repiten siempre de la misma forma, es la manera como se enfrenta al mundo que lo rodea. Ahora bien, todo aquello que escapa a esos patrones se guarda de forma más profunda en el cerebro. De ahí que usar elementos en la clase que rompan con la monotonía, con lo esperado, impacte más en el aprendizaje.

En este sentido, Jaime Romano, médico y neurólogo, al frente del proyecto pionero Neuromarketing propone: “En una clase de historia, que el profesor llegue un día disfrazado de Napoleón, por ejemplo, y que los chicos también se disfracen y se diviertan representando algún episodio de la historia. Eso sí que va a quedar profundamente grabado en sus mentes”. Y Romano sabe muy bien de qué habla.

Este neurocientífico mexicano lleva investigando el cerebro desde hace más de 30 años como investigador de UCLA y del Instituto Mexicano de salud mental. También ha atendido a niños y adolescentes con problemas de aprendizaje y desarrollo. Una década atrás echó a andar un laboratorio de neurociencias para tratar de entender mejor el proceso de aprendizaje en los chicos y mejorarlo.

Para ello, “diseñé un modelo que se conoce como neuropirámide, que cuenta con seis peldaños. En cada uno de ello se plantea qué sucede con la información cuando va entrando por los órganos de los sentidos, cómo se procesa en el cerebro hasta que se convierte en aprendizaje. Y hemos visto que tiene que ver con procesos de poner atención, emocionales”, explica Romano.

Ahora, este médico mexicano está poniendo en marcha un proyecto que confiesa que es todo un sueño para él. De la mano de desarrolladores, está diseñando videojuegos lúdicos, muy atractivos para los niños, pero que impacten en todos y cada uno de los peldaños de la neuropirámide. “Habrá juegos que refuercen, por ejemplo, el proceso de atención de los chicos; otros, el proceso de análisis y síntesis”, explica Romano. Así, la idea es crear una plataforma con videojuegos orientados a distintas edades para que los niños al llegar a casa del cole se pongan a jugar y a la vez que la pasan bien, desarrollen sus actividades mentales.

“Queremos mejorar la capacidad emocional y mental de los chavales, los procesos de cálculo, de comprensión, y eso repercutirá en que aprenderán mejor las matemáticas, a leer y a entender mejor los textos, a fijar su atención” explica Romano ilusionado. Y destaca la importancia que tiene el juego, la parte lúdica, divertida, vivencial en el aprendizaje. El juego es una puerta hacia el aprendizaje y las nuevas tecnologías son un gran aliado, puesto que captan muy rápidamente la atención de los niños.

 

Mueve tus neuronas

En Antigüedad ya intuían la relación entre ejercicio y bienestar físico y mental, Mente Sana in Corpore Sano. Y en los últimos años, la ciencia ha demostrado esta relación. Al parecer, cada vez que practicamos deporte cardiovascular, al contraer y estirar los músculos estos segregan una proteína que viaja al cerebro y allí fomenta la plasticidad cerebral, que se creen nuevas neuronas, nuevas conexiones entre ellas o sinapsis, y justamente en los centros de memoria.

“A veces cuando un alumno va mal en la escuela –señala el profesor universitario David Bueno- lo quitan del deporte, para que así pueda estudiar más. Pero es un error, porque lo que estamos haciendo es sustraerle la cualidad que le permite memorizar aquello que estudia. Muchas veces no es una cuestión de cantidad de horas, sino de calidad de horas”.

También se ha visto que el deporte activa la secreción de unas moléculas llamadas endorfinas y que son opiáceas, capaces de generar sensación de bienestar, de placer, optimismo, e íntimamente relacionadas con la concentración y la atención.

 

Aprovechando las ventanas

Una de la cosas más interesantes y nuevas que defiende la neuroeducación son las “ventanas”. Al contrario de lo que mucho tiempo se creyó, el cerebro no es estático y va aprendiendo cosas sin más una detrás de otra, sino que “existen ventanas plásticas, períodos críticos en los que un aprendizaje se ve más favorecido que otro”, señala Francisco Mora, autor de “Neuroeducación”.

Así, por ejemplo, para aprender a hablar la ventana se abre al nacer y se cierra a los siete años, aproximadamente. Eso no quiere decir que pasada esa edad el niño no pueda adquirir el lenguaje, porque gracias a la enorme plasticidad del cerebro, lo conseguiría aunque le costaría mucho más y, asegura Mora, nunca tendría un dominio de la lengua como otro niño que haya aprendido a hablar de los 0 a los 3 años.

El descubrir que existen períodos de aprendizaje concretos hace que las escuelas deban también replantearse el modelo educativo. Para David Bueno, experto en formación del cerebro, “hasta los 10 o 12 años, el cerebro tiene una ventana específica para aprender aptitudes, para manejar información, para razonar. Tal vez esa etapa sea el momento de potenciar la comprensión de un texto; que sean capaces de entender y extraer información; que aprendan a razonar de forma matemática, en lugar de memorizar mucho contenido. En definitiva, trabajar aquellas habilidades que después conformarán un cerebro con ganas de aprender cosas nuevas”.

El sistema educativo actual en algunos casos choca contra esas ventanas cerebrales. Por ejemplo, cuando los niños son muy pequeños, tenerlos sentados en una clase, quietos, “sabemos que impacta negativamente en su cerebro”, alerta Jaime Romano, al frente de Neuromarketing. Porque para poder madurar, crear nuevas redes de neuronas, el cerebro necesita experiencias nuevas. “Imagínate niños chiquitos expuestos cada día a las mismas cosas… Acaban haciendo menos redes neuronales y su cerebro está menos desarrollado”, añade.

Desde la neuroeducación se aconseja que en los primeros años de vida se esté en contacto con la naturaleza, una fuente inagotable de estímulos, porque es a esas edades, señalan, cuando se construyen los perceptos, las formas, los colores, el movimiento, la profundidad, con los que luego se tejerán los conceptos. “Para construir buenas ideas hay que tener buenos perceptos. Son los átomos del conocimiento, de pensamiento”, recalca Francisco Mora, que añade “no podemos entender la educación adecuadamente si no tenemos en cuenta cómo funciona el cerebro. La neuroeducación es mirar la evolución biológica y aprender de ella para aplicarla a nuestros procesos educativos. Durante los dos primeros años de vida, lo sensorial es básico para la construcción de futuros conceptos. Los abstractos, que son la construcción de las ideas, vienen después, cuando el mundo perceptivo ha sido rico. ”.

 

¡Ay, la adolescencia…!

Una de las cosas de la escuela actual que está totalmente en contra de los códigos del cerebro es la forma en que se intenta enseñar a los adolescentes. A esta edad empiezan a tener materias como biología, química, física, que deben aprender de forma totalmente racional. El problema es que a esa edad el cerebro es plenamente emocional. “Desde un punto de vista evolutivo tiene sentido porque en esta época de la vida los chicos buscan sus propios límites e intentan superarlos. Forma parte de una estrategia de supervivencia de la propia especie”, explica Bueno.

Así pues, tenemos cerebros desregulados de manera natural emocionalmente a los que intentamos enseñar cosas de manera racional. “Por eso muchos chavales en esta etapa dicen que no quieren hacer ciencias y se pierden muchas vocaciones científicas y sobre todo en el caso de las chicas”, añade este investigador en genética.

Pero, ¿cómo solucionarlo? Pues… introduciendo emoción. En lugar de hablarles sólo de fórmulas y teoremas, tratar de acercar la ciencia a sus vidas, enganchar a su cerebro social. ¿Y si el profesor de matemáticas no explicara directamente el teorema de Pitágoras, sino que contara su vida, sus aventuras y desventuras, para comprender qué llevó a este filósofo y matemático griego a enunciar este principio?

También habría que tener en cuenta los horarios. Al entrar en la adolescencia, el cerebro de forma automática retrasa la hora de ir a dormir y también de despertarse por la mañana. En cambio, en esa etapa muchos centros educativos avanzan la hora de entrada de los chicos. “Se deberían adaptar los ritmos escolares a los biológicos”, destaca Bueno. Tampoco es necesario que estén tantas horas en clase. De hacerse más vivenciales, afirman los expertos en neuroeducación, en menos tiempo se impartiría más conocimiento.

 

Cambiar el colegio

“El sistema educativo actual es totalmente anacrónico. Los niños se aburren. Enseñamos de la misma manera desde hace 200 años. ¡No tiene ningún sentido”, exclama Mark Prensky, experto en educación e inventor del concepto ‘nativos digitales’. Para Sir Ken Robinson, otro de los grandes gurús en educación, la escuela actual se diseñó durante la revolución industrial, cuando hacía falta tener trabajadores preparados para repetir lo mismo una y otra vez. El colegio seguía ese mismo patrón: niños que aprendían de memoria determinados conocimientos y que los repetían como loros.

Pero el mundo, afortunadamente ha cambiado. Nuestra sociedad ya no se basa en la producción masiva de objetos, sino cada vez más en la de ideas, en la creatividad y surgen nuevas profesiones que se adaptan a esta nueva época en que vivimos. “Necesitamos maestros que preparen a los niños para afrontar esos nuevos retos. Ellos son capaces de transformar el cerebro, tanto física como químicamente, de los alumnos, de la misma manera que un escultor con su cincel es capaz a partir de un mármol amorfo crear una figura tan bella como el David”, afirma el neurocientífico Francisco Mora.

Los docentes, reclama la Neuroeducación, deberían comenzar a aprovechar todo lo que se conoce del funcionamiento del cerebro humano para enseñar mejor. Y eso no implica tan sólo matemáticas, lengua o literatura. “Muchas veces formamos a las personas para que sean grandes profesionales pero nos olvidamos de que antes tienen que ser personas. Y eso también quiere decir aprender a disfrutar de su tiempo libre. Aburrirse porque no tienen nada que hacer, trabajar muy rápido y mucho rato seguido” considera David Bueno.

Sabemos que no hay cerebro cognitivo que no haya sido filtrado por el cerebro emocional. Por tanto, insiste Mora, hay que buscar el significado emocional de lo que se enseña, para que el alumno piense: ‘Siga profesor contándome eso, que me interesa mucho’. “Los profesores tienen que ser la joya de la corona de un país, porque sobre sus espaldas recae una enorme responsabilidad. Tienen que estar muy formados y conseguir que los niños se sientan realmente entusiasmados por lo que aprenden. Porque esa es la base para crear no sólo ciudadanos cultos, sino también honestos y libres”.

 (este reportaje se publicó en la revista Quo México, en septiembre de 2014)

 

Cristinasaez.wordpress.com [en línea] Barcelona (ESP): cristinasaez.wordpress.com, 14 de mayo de 2015 [ref. 06 de octubre de 2014] Disponible en Internet: https://cristinasaez.wordpress.com/2014/10/06/neuroeducacion-o-como-educar-con-cerebro/



Cost of Medical School

11 05 2015

Many people dream of becoming a doctor, but only a small percentage actually move down this path.

Those who are interested in this profession must answer a variety of questions, including but not limited to:

  • What type of doctor do I want to be?
  • How long will it take me to complete school?
  • What is the process of applying to medical school?
  • What is the average cost of attending medical school?
  • How long does it take, on average, for a doctor to pay back school loans?
  • What is the average doctor salary and career earnings?

While some people know the answers to each and every question, others are unsure of what the future holds and how they will be impacted if they continue to move forward with this career path.

For the sake of this article, we are going to focus on the financial side of becoming a doctor. This includes everything from the cost of medical school to how to secure financing for tuition to average salaries and career earnings.

 

Your Time in School and Training

To become a physician in the United States, you are required to complete many educational requirements.

As you get started, you must receive a four year degree from a college or university, typically in the area of science.

From there, you will move onto medical school. Known as an undergraduate medical education, this entails four years of education at an institution accredited by the Liaison Committee on Medical Education (LCME). Upon completion, a student will earn a doctor of medicine degree.

Once medical school is complete, you will complete a residency program that lasts between three and seven years. From there, a fellowship is completed. This additional training is not required, but is for doctors who want to become highly specialized in a particular field.

As this is a lot of schooling, the cost of obtaining a medicine degree can quickly add up.

 

What is the Cost of Medical School?

 

 

Just the same as an undergraduate education, the cost of medical school differs from one institution to the next.

The Association of American Medical Colleges tracks the average cost of medical school, noting that during the 2013-14 school year, the annual tuition and fees at public medical schools averaged:

  • $31,783 for state residents
  • $55,294 for non-residents

Students who attend a private medical school find tuition and fees much higher, reaching:

  • $52,093 for state residents
  • $50,476 for non-residents

Use these approximate numbers, the average cost of medical school, over a four-year period, ranges from $127,132 on the low end to $221,176 on the high end.

 

How to Afford Medical School

Even though the cost of medical school can be high, loans, grants, and scholarships are available. Some are merit based, while others are need based.

Most medical students borrow some money to finance their education. The Association of American Medical Colleges noted that the “median debt for graduating students was $175,000.

There are many types of federal loans to consider, including the Stafford loan, Perkins loan, and PLUS loan.

Scholarships and grants are also available, both from the government as well as the individual institution. Any free money you receive will reduce the amount of debt you take on.

 

Average Salary

There is no denying the fact that medical school is expensive. As noted above, most students leave school with nearly $200,000 in debt.

Here is the good thing: doctors have a high earning potential, meaning that loans can be paid back sooner rather than later. From there, once the debt is gone, it is easy to realize that all of the schooling was worthwhile.

The Association of American Medical Colleges notes that the average salary for a family medicine doctor in 2013 was $161,000.

Forbes outlined the best and worst paying jobs for doctors, with orthopedic surgeons at the top of the list, thanks to an average salary of $519,000.

 

Final Word

The cost of medical school is extremely high. Furthermore, it takes many years for a student to complete the necessary education to become a doctor.

When everything is said and done, doctors are among the highest paid professionals. For many, this is enough to cancel out the cost of their education.

 

 

Article provided by:

Mr Sasha Boyd

Outreach Director

sasha.boyd@gov.adatsa.org

 

Abcbizloans.com [en línea] Seminole, FL (USA): abcbizloans.com, 11 de mayo de 2015 Disponible en Internet: http://www.abcbizloans.com/medical-financing/cost-of-medical-school/

 



Challenge Your Online Learning Expectations

16 05 2013

Table of Contents:

  • Isolation and the Online Environment
  • Online Courses and Your Career
  • What You Can Do to Prepare for Online Courses

 

It’s the middle of the night. You sit alone, confused with only the cold, harsh light from your email lighting the room. Are you ever going to hear from your online college?

If this is your perception of online education, wake up. It’s the 21st century and one-third of all college students are taking at least one online course during their college careers.

For students who’ve never taken an online course, especially those who are returning to school several years after graduation, fears about taking an online course are understandable. Many unfamiliar with the format believe that online learning will be drastically different from traditional in-class experiences, that they won’t be able to interact with professors and classmates, or that online courses may not be as valuable to a career or educational endeavors as those in a classroom. While these concerns are not entirely unfounded, many students, once enrolled, quickly realize that online courses often aren’t quite how they imagine them to be.

If you’re considering taking online courses but have some reservations about their value to your career or the online learning experience itself, it can be immensely valuable to take some time to learn about what you can actually expect from an online course. You may just find that many of the common concerns students like yourself have about online education have been mediated by new technology, highly trained faculty, and online curricula that’s benefited from years of development.

 

Isolation and the Online Environment

While it’s true that online students won’t head to class each week to see their classmates in person and to interact face-to-face with their professors, that doesn’t mean that online courses will leave students without social interaction and support. In many cases, students in online courses may actually get more individual attention than they would in a traditional course, both from professors and their fellow classmates.

Some of this interaction isn’t voluntary. Most online courses require that students interact with one another through chat rooms and discussion boards, and some students may even find themselves assigned to work with classmates on projects and assignments.

Dr. Dani Babb, an online educator at American Public University and Kaplan University, says that this is one of the most common misconceptions about online courses. “Many students don’t realize how much they will interact in discussions,” says Babb. “Most courses have a minimum number of posts and content requirements every week. Additionally, schools have engagement requirements; students must respond to peers and expand on the topic, add value in their engagement and further the conversation.”

To help combat online isolation, some colleges are building special online communities to connect students to each other and the school. At Northcentral University, students will soon be able to take advantage of a Virtual Academic Center, a place where they can go to interact with professors and classmates and talk about everything from academics to their personal interests. While not every school has this kind of online environment for students, a growing number maintain social media sites that encourage students to connect not only as classmates but also as individuals.

While it’s great to get to chat with classmates and build camaraderie, students may have additional concerns that they won’t be able to get in touch with professors or find the support that they need to do well in the course. Many professors understand these concerns and actively work to keep in touch with students and cater the course materials to their individual needs.

Mary Stephens, founder of Prep Forward, an online professional development resource for teachers, and an online professor at both UMass Boston and Wheaton College, says that her students commonly believe that they won’t get the support needed to complete the course material but that those concerns are often unfounded. “Some have the misconception that an in-person class is the only way to get any individualized attention or support,” she says. “This is definitely not the case for the majority of online courses. For instance, my courses specifically diagnose the individual strengths and weaknesses of each student. This not only helps them identify what areas to focus on, it helps me understand what additional explanations or resources I need to provide each individual to help them understand the material.”

Some professors take connecting with students and ensuring classmates bond even further. “To overcome the ‘loneliness’ of completing an online course, I divide my students into teams of four students,” says Lewis University marketing professor Robert Bergman. “They are required to create accounts in Facebook, LinkedIn, Twitter, Gmail, Pinterest, YouTube and Second Life. This allows them a variety of methods for communicating throughout the semester. In addition, I require they conduct a team meeting every week via videoconference on Oovoo.com, Skype, Facebook Skype, or Google Video. I strive to attend each team meeting to provide additional content, advice, guidance and help guide the meeting when needed. I am effectively part of each team.”

Support for students isn’t limited to faculty, however. Because online courses require a great deal of technology, students will also need to get in touch with support personnel should anything go wrong and they are not able to access their course materials or other resources. Unlike professors who may have limited “office hours,” these technical support professionals are available day and night. Matthew Curtis, a professor working in USC’s Master of Communication Management online program explains, “We offer our students 24/7 technical support. This means if they are working at 3 a.m. or 3 p.m. and cannot access some material there is live human support to assist them.”

USC isn’t alone in offering this kind of support; students at nearly all online universities will be able to get assistance with technological problems at any time, which may allay some of the fears less technologically-savvy students have about online courses.

 

Online Courses and Your Career

One of the biggest benefits of online courses is their flexibility, a factor that often makes them a popular choice among those trying to balance their current jobs with taking college courses towards a degree or certification. As a result, many online learners are older, non-traditional students who are taking courses to help improve their chances of promotion, start a career path, or just to expand their knowledge and career potential. For the reason, concerns over whether or not online courses are a smart career move are common among new students.

As far as employers are concerned, students don’t need to worry too much about the value of their online degrees. A survey done by institution Excelsior College and Zogby International in 2010 found that 83% of executives they polled felt that an online degree was as credible as one earned through a traditional campus-based program. Still concerned about the quality and career prep offered by online programs? It may be better than you realize.

“Assuming an online course is good, there is no difference in the amount of career preparation you would gain in a course in a classroom setting,” says Stephens. “In fact, in some classes you may gain more career preparation experience online as the online course has the benefits of allowing an individual to quickly access additional resources, links, and opportunities online.”

At many schools, online educators aren’t just teaching courses, they’re also working professionals in their area of expertise. “Probably the most important way that online programs can prepare graduates for the real world is the focus of faculty who are practicing the craft they are teaching,” says Northcentral University professor Darren Adamson. “Not only does this give a flavor of what is really going on in the profession, but it also helps with networking as the student creates connections with professors working as professionals in the field.”

Students may also have concerns over whether or not they’ll really be learning as much as they need to in an online course. A study in 2009 by SRI International for the Department of Education found that on average students in online learning conditions actually performed better than those in traditional classrooms with face-to-face instruction.

Part of the reason may be a focus on assessment, ensuring students are doing well throughout the course. Gordon Drummond, president of the online design school Sessions College, explains, “The reality is that online education generally has to be more focused on assessment– on trying to determine whether a student has mastered a concept or skill–than a traditional class, where the focus is generally on presentation. This is key to debunking another myth, which is that online classes are easier than traditional ones. If the school is a serious school, there will actually be more evaluation of your skills as you work through the program. It will be harder, but better for you.”

If you want to pursue a career in a hands-on or clinical field, online course alone may not be able to give you the experience you need. In these cases, however, many hybrid and blended opportunities are generally available so that students can emerge from a degree program adequately prepared to take on the challenges of the workplace.

 

What You Can Do to Prepare for Online Courses

Even if some of the most common fears about online courses are unfounded, students who’ve never taken online courses will still need to prepare for the experience ahead of time.

One of the key aspects that differentiate online courses from those in class is the use of technology. Students may not realize how much their understanding of technology can plan a role in the ease with which they can complete assignments or how varied the tools they’ll need to use are. Not all online programs use the same types of technology or the same type of setup, however. “One thing that surprises students is how much technology is used,” says Babb. “Some schools have live lectures or what we call synchronous lectures. Other schools have live office hours, and others have entirely asynchronous communications. Students should know which they prefer and which the school has before attending to be sure it fits their lifestyle.”

Students taking online courses also need to prepare themselves for a serious time commitment. Online courses may be more flexible, but that doesn’t mean they’re less work. Adamson encourages students to not only set up time for listening to lectures and reading materials but also every other aspect of the educational experience. “I often suggest to students that they prepare to schedule time to ‘go to class’ every day,” he says. “Successful students ensure that each day (5-6 days per week) they have scheduled in their calendars time to study, read, research, reflect and complete the learning activity (assignment) each week. If school is left for ‘after everything else gets done’ then the student will fail in an on line environment. Online education requires that the student has a moderate level of self-discipline.”

Self-discipline may be the key to being successful in an online course. Students must be able to motivate themselves, stay organized, and keep on task even without supervision from a professor or other outside source. If you’re the type who loves to procrastinate or can’t stay on task, online learning can help strengthen that weakness. The online format challenges students to use better time management. Just like a traditional classroom, not treating online classes seriously will negatively affect your learning outcomes.

Online courses won’t be a perfect match for every student, but they often aren’t as intimidating, isolating, or risky as students might believe. New technology, highly motivated professors, and an incredibly diverse assortment of programs and institutions have helped to make online education a more flexible and customizable alternative to traditional education. It is also quickly becoming as respected and rich as any students can take in a more traditional setting. Students who are unsure about taking online courses should reach out to administrators, professors, and online learners to get a better idea of what online learning is really like so that they know what to expect, how to prepare, and ultimately, how to be successful as an online student.

 

 

 

Onlinecollegecourses.com [en línea] San Antonio (TX) (USA): onlinecollegecourses.com, 16 de mayo de 2013 [ref. 10 de abril de 2013] Disponible en Internet: http://www.onlinecollegecourses.com/online-learning-expectations



Dr Frangi: ¿Mudar de tiranos sin destruir la tiranía?

7 01 2013

Dr. Alejandro Frangi
Director Centro de Investigación en Tecnologías de la Imagen y Simulación Biomédicas (CISTIB)

¡Iniciamos un nuevo año! Es quizás el momento de balances y reflexiones de fondo, de pensamientos que orienten y de den sentido a nuestra actividad… Un investigador es, por sobre todo, un pensador, un buscador del bien, la verdad y la belleza. No puede eludir la pregunta del porqué del afán cotidiano en su investigación y del impacto que ésta tiene en su entorno.

En las últimas semanas me llegó una frase que me hizo pensar. Es de Mariano Moreno, uno de los próceres de la independencia de mi país de origen, Argentina, de aquellos que valorando la herencia recibida de España manifestaron su compromiso por llevarla a su madurez. Hombres con personalidad propia pero abierta a ideas Europeas de la época y sin miedo a aplicarlas a crear un futuro libre para América.

Mariano Moreno (Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 23 de septiembre de 1778 – alta mar, 4 de marzo de 1811), según nos dice Wikipedia, fue un abogado, periodista y político de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tuvo una participación importante en los hechos que condujeron a la Revolución de Mayo y una actuación decisiva como secretario de la Primera Junta, resultante de la misma. Moreno fue el ideólogo de esa revolución, abogado defensor de los derechos de los indios. Fue siempre fiel a sus ideales de liberación e ideología roussoniana aprendidos en la universidad más prestigiosa de la región en la época, la Universidad de Chuquisaca. Allí leyó los libros de Montesquieu, Voltaire, Denis Diderot, Jean-Jacques Rousseau y otros pensadores europeos de la época. Asimismo, estudió el idioma inglés y el francés para poder comprender a los autores que escribían en dichas lenguas, por lo que también ofició de traductor. Una de las obras que tradujo fue el libro “El contrato social” de Rousseau. Con sus escritos y exposiciones, Moreno contribuyó al desarrollo del libre comercio en el Río de la Plata. Además, en julio de 1810 la Junta lo designó para que redactara un Plan de Operaciones y el proyecto de estrategia política de la revolución, debido a la gran capacidad que Moreno tenía con la escritura y la oratoria. Murió envenenado en alta mar, de camino a una misión diplomática en Londres.

Más allá de los condicionantes históricos, de las controversias de la conquista y de la posterior independencia de Latinoamérica, hay elementos significativos y quizás recurrentes en la historia de los países que pueden iluminar nuestro momento actual y socio-económico-político en Cataluña; mi tierra por adopción y que ha visto nacer a cuatro de nuestros siete hijos. En todos los momentos de la historia, en todos los lugares de la tierra, el hombre ansía la libertad, la belleza, el bienestar pero estos sólo se consiguen al costo de un esfuerzo personal de conocimiento, superación y renuncia sin las cuales dichas ansias no son más que ilusiones cambiantes.

Mariano Moreno lo expresaba en el prólogo de la traducción del “El contrato Social” de Russeau editado en 1810 en La Gaceta: «Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

Quizás las peores tiranías, en cuanto que por comunes pasan más inadvertidas, son las que se derivan de la falta de educación, del poco o malentendido espíritu crítico, de una limitada aspiración al que limita el bienestar a lo aparente o material. ¿Es relevante hablar de educación en sociedades tan avanzadas y modernas como las europeas? ¡Lamentablemente sí!

Quizás no falte el acceso a la educación elemental o incluso el acceso a la formación universitaria como puede echarse a faltar en otras tierras. Pero la peor ignorancia es la de creer conocer suficientemente sin conocer en profundidad o de forma completa, la de quien niega la existencia de principios universales, la del conocimiento del mundo exterior sin descubrir la interioridad, la de vivir sin tener respuesta a los interrogantes humanos más profundos, la de una vida a la deriva del relativismo o que niega la existencia de toda ley natural. Nuestra época entiende muchas veces por espíritu crítico la crítica a los grandes problemas sociales sin responsabilizarse de poner, por considerarlas intrascendentes, las soluciones que realmente están a nuestro alcance. Confundimos el espíritu crítico con ser criticones y vemos la paja en el vecino ignorando la viga del nuestro. El verdadero espíritu crítico, me parece, es el que empieza por uno mismo y se transmite en cambios humildes pero reales y constantes en el entorno en el que vivimos. Finalmente, la aspiración al bienestar va más allá de lo material. La experiencia humana está llena de experiencias que reconocen la existencia de otros horizontes que los meramente tangibles: la necesidad del cariño y la estima de los demás, la necesidad de contribuir los unos al éxito de los otros, de trabajar y conocer en equipo, de vivir la libertad en armonía con el entorno sin traicionar los principios personales, de ser capaces de enriquecerse mutuamente valorando la diversidad sin demagogia.

En suma, ser investigadores es estar abierto al conocimiento y, en ese sentido, todo hombre tiene algo de vocación investigadora, de esa confianza en la capacidad de aprehender y de no conformarse con el status quo de su comprensión momentánea, de abrirse a nuevos horizontes, de progresar en el desarrollo personal y ponerse al servicio de sus coetáneos. Y esto, he aquí la clave, podemos realizarlo en la medida que tomamos las riendas de nuestra inteligencia y nuestra voluntad. Podemos hacerlo aún en medio de dificultades de todo tipo, en medio de los problemas económicos, en medio de la desorientación socio-política reinante y sus consecuencias.

Viktor Frankl (n. Viena; 26 de marzo de 1905 – m. ibid.; 2 de septiembre de 1997) fue un neurólogo y psiquiatra austríaco, fundador de la logoterapia. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. Frankl escribió “Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”. Su profesión e investigación se alimentaron de su experiencia personal conformando la tercera escuela de psiquiatría vienesa. Nelson Mandela, solía repetir un verso del poema Invictus de W.E. Henley durante los 27 años que duró su encarcelamiento en Robben Island: “No importa cuán estrecho sea el camino, cuán cargada de castigo la sentencia. Soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma”.

Finalmente, hay un texto que leí de adolescente y que personalmente me inspira a avanzar en la confianza no sólo en la fe que he recibido de mis padres sino también en las capacidades humanas, herencia que comparto con todo hombre: “Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces estorbado, por los que lo educan y rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más…” (Populorum Progressio, n. 15).

Quizás debamos volver al comienzo de este artículo: 2013, ¡un nuevo año! Una nueva hoja en blanco, una nueva oportunidad para escribir nuestra historia. Al pensar la ilusión con la que cada uno de mis hijos comienza un dibujo cuando les doy una hoja en blanco, pienso en la oportunidad que este nuevo año nos brinda: a los investigadores de profesión, sí, pero también a todo hombre que comparte lo esencial de la investigación que es la búsqueda de lo verdadero, lo bueno y lo bello. Búsqueda que nos permitirá liberarnos profunda y auténticamente de toda tiranía. ¡Los mejores deseos para esta búsqueda que comienza hoy! ¡Feliz Año 2013!



África: TICs Para refugiados y personas desplazadas

13 02 2012

En las últimas semanas Global Voices ha presentado a sus lectores más ejemplos de cómo los medios ciudadanos se utilizan para amplificar las voces de los refugiados y desplazados. Sin embargo, mientras que los blogs y sitios de redes sociales tienen claramente un papel que desempeñar en el empoderamiento de los grupos marginados, también lo hacen las TIC en general.

MobileActive, por ejemplo, se ve alentada por el potencial de los teléfonos móviles [en] que permite que los refugiados no sólo permanezcan en contacto con sus seres queridos, sino también que sea más fácil localizarlos. La atención a este tema es particularmente cubierta por un número especial de la Revista Migraciones Forzadas [en], que ofrece una visión profunda en el uso de las TIC en este contexto.

 

Los refugiados en Uganda están usando SMS y celulares para reconectarse con los miembros de sus familias y amigos cercanos. Foto via MobileActive

“Los refugiados a menudo sufren un doble trauma: La situación que los llevó a huir en primer lugar, así como el hecho que muchas familias se separan durante la migración. Para la salud de los refugiados, su bienestar y la posibilidad de reubicarse, es de vital importancia conocer el paradero de sus familiares, su seguridad y su capacidad para permanecer en contacto. Hoy en día, los teléfonos móviles constituyen la tecnología más importante para que los refugiados puedan encontrar a sus parientes y permanecer en contacto.

Migraciones Forzadas número 38, en su edición del tema de la tecnología, cubre aquellas tecnologías para refugiados en particular. Dos capítulos arrojan una luz sobre el uso de teléfonos móviles entre los refugiados, así como algunos de los problemas que trae el uso de esta tecnología para encontrar y contactar con los miembros de la familia, tales como cuestiones de seguridad y accesibilidad.”

El Comisionado Adjunto de las Naciones Unidas para los Refugiados, T Alexander Aleinikoff, brinda una introducción a la edición especial [en]:

“Al menos superficialmente, los campos de refugiados de hoy no parecen significativamente diferentes de los que existían 30 o 40 años atrás. La modernización parece haber pasado de largo. Pero una mirada más de cerca, y se hace evidente que las cosas están cambiando

En la actualidad, los refugiados y los desplazados internos en los países más pobres a menudo tienen acceso a un teléfono móvil y son capaces de ver televisión por satélite. Cafés Internet han surgido en algunos asentamientos, con hardware adquirido por empresarios refugiados o donados por organizaciones humanitarias como el ACNUR. Y las mismas agencias de ayuda están haciendo cada vez más uso de tecnología avanzada: sistemas de información geográfica, Skype, bases de datos biométricas y Google Earth, para dar sólo algunos ejemplos.”

En un artículo, el ejemplo de un proyecto de rastreo establecido por el Consorcio para los Refugiados de Kenia (RCK), en cooperación con los refugiados Unidos (RU) es destacado [en]:

“En 1991, Ahmed Hassan Osman* huyó del conflicto en Somalia, dejando a su familia en Kismayu, y se dirigió a Kenia en busca de asilo. Ahmed vivió un tiempo en el campamento de refugiados de Ifo, antes de ser reasentado en Colorado en los EE.UU. donde se le concedió la plena ciudadanía de los EE.UU.

En 1992, su primo Abdulahi Sheikh llegó a Kenia en busca de apoyo. Reconocido como refugiado, Abdulahi terminó en el campo de Dagahaley en Dadaab. Él creía que Ahmed estaba en Dadaab o había estado allí, pero sus esfuerzos por encontrarlo no tuvieron éxito y pronto abandonó la esperanza de encontrarlo. De hecho, pensaba que Abdulahi Ahmed había regresado a Somalia.

A principios de 2011 RCK empleo a Abdulahi para que asistiera con el proyecto de RU en el campamento de refugiados de Dagahaley. Abdulahi se registro con el proyecto de rastreo y comenzó una búsqueda de sus seres queridos. Habiendo encontrado un nombre que le era familiar, Abdulahi se puso en contacto con ésta persona a través del sistema de mensajes de RU. Cuando recibió una respuesta se dio cuenta que, después de 20 años de separación y de búsqueda, él había encontrado a su querido primo. Se intercambiaron números de teléfono y Ahmed llamó, rompiendo 20 años de silencio. Hoy en día, los dos se mantienen en contacto regularmente y ambos Abdulahi y Ahmed, continúan la búsqueda de más amigos y familiares.”

Por supuesto, como MobileActive también hace hincapié, algunos problemas con la infraestructura local siguen siendo un obstáculo para la adopción generalizada de estos sistemas [en]:

“En algunas zonas de África no hay cobertura de las telecomunicaciones. Los participantes en el taller comentaron que, donde existen, las conexiones telefónicas se cortan regularmente, y algunos de ellos también había experimentado la intrusión en las comunicaciones, tales como líneas cruzadas. La fuerza de la señal de red en el extranjero es débil, y la falta de una fuente confiable o estable de electricidad en el país de destino puede ser un problema importante, aunque esto varía según la región. El crecimiento de la población en algunas zonas debilita la fuerza de la red, debido a la fuga de energia. Las personas también pueden tener dificultades para acceder a electricidad y así cargar sus teléfonos móviles.

[…]

Encontrar la mejor tecnología para diferentes miembros de la familia puede ser difícil, particularmente si ellos mismos son desplazados, debido a factores tales como la variedad de servicios disponibles, si el miembro de la familia puede pagarlos y si tiene las habilidades y conocimientos para usar dichas tecnologías. Un participante observó que la mayoría de los miembros de su familia en el extranjero necesitaban acceder a la tecnología de la comunicación a través de otros. Una participante describió las dificultades que tuvo en contactar a su esposo en un campamento. Ella le envió dinero a su esposo para que este comprara un teléfono, pero otras personas en el campamento también lo utilizaban, dejandola a ella esperando durante horas hasta ponerse en contacto.

Opciones baratas, tales como correo electrónico, mensajería de voz sobre Internet o instantánea puede no ser accesible o asequible, y el acceso a Internet en África es muy caro. Además, los miembros de la familia desplazada en el extranjero pueden no saber cómo utilizar estas facilidades.”

Desde proporcionar a los refugiados el acceso a la información sobre salud y oportunidades educativas, hasta el uso de Facebook, chat de Gmail y Skype para mantener los contactos con familiares y amigos a través de la fractura geográfica, el tema ofrece un panorama completo de cómo las TIC se están utilizando.

Ushahidi también recibe una mención en relación con el terremoto de 2010 en Haití [en], así como, en general, en lo que respecta a conflictos, los desastres y refugiados [en]. De hecho, el ”Idea Lab de PBS, da un vistazo a la colaboración entre Al Jazeera y Ushahidi para conectar y empoderar a los somalíes separados por el conflicto y el hambre [en]:

“Somalia habla es una colaboración entre Souktel, una organización con sede en Palestina que proporciona servicios de mensajería SMS, Ushahidi, Al Jazeera, Crowdflower, y el Instituto de la Diáspora Africana. “Queríamos conocer la perspectiva de los ciudadanos somalíes que nos diga cómo la crisis ha afectado su vida y la diáspora somalí”, dijo Soud Al Jazeera Hyder, en una entrevista.

[…]

El objetivo de Somalia habla es agregar las voces no escuchadas desde el interior de la región, así como de la diáspora Somalia pidiendo que respondan a través de mensaje de texto: ¿Cómo ha afectado el conflicto de Somalia de su vida? Las respuestas se traducen al inglés y son trazadas en un mapa. Desde su lanzamiento, unos 3.000 mensajes SMS se han recibido.

[…]

Para Al Jazeera, Somalia habla también es una oportunidad para poner a prueba enfoques innovadores de los medios de comunicación móvil para los ciudadanos y el periodismo.”

En octubre de 2010, MobileActive también mostró un proyecto móvil implementado por los Refugiados Unidos en Uganda [en], con el apoyo de Ericsson, el ACNUR y la Red Omidyar, señalando que un blog lo denominó “la red social que es más importante que Facebook”.

Es.globalvoiceonline.org [en línea] Amsterdam (NED): es.globalvoiceonline.org, 13 de febrero de 2012 [ref. 05 de febrero de 2012] Disponible en Internet: http://es.globalvoicesonline.org/2012/02/05/africa-icts-para-refugiados-y-personas-desplazadas/