Los emprendedores biotecnológicos con mayor proyección de España

16 06 2011

¿Puede una empresa de tres personas ser capaz de fabricar el material científico con el que se investiga en regeneración de tejidos vivos? ¿O un grupo de cuatro personas haber desarrollado un robot aéreo encargado de solucionar el problema que plantean las aves en los aeropuertos, vertederos o plantaciones agrícolas? Suena a ciencia ficción, y a proyectos empresariales más propios de grandes multinacionales en I+D+i que de micropymes españolas con apenas tres años de vida.

Pero lo cierto es que España cuenta con un nutrido tejido de emprendedores del sector biotecnológico que “no sólo es puntero, sino también numeroso”, en palabras de Emilio Muñoz, presidente del comité científico de Asebio, la patronal de este sector. “Tenemos avances punteros en numerosas áreas: neurociencias, agrícola, industrial, alimentación…”. ¿Conclusión? Que España parece poseer una buena cantera de emprendimiento biotecnológico. Sirven varios datos para ilustrarlo. El primero, que es un sector que mueve más de 50.000 millones. El segundo, que el 88% de las compañías que operan en él tiene una vertiente internacional. Y el tercero, que “el número de personal en I+D en biotecnología alcanzó los 6.841 profesionales en 2009, el 6,86% más que el año anterior. En cuanto al empleo total en las empresas con actividades relacionadas con la biotecnología, alcanzó las 148.648 personas en 2009, un 37,2% más”.

Hay ideas, hay talento… y también hay reconocimiento. De hecho, en la edición de este año de los Premios Emprendedor XXI, organizados por La Caixa y cootorgados por el Ministerio de Industria, que cada año escogen los mejores proyectos de emprendimiento de cada comunidad autónoma, la biotecnología ha tenido un lugar destacado. Empresas recién creadas de menos de diez empleados son capaces de desarrollar proyectos punteros a nivel internacional dentro de su actividad. A continuación, algunos de los mejores proyectos de emprendimiento biotecnológico de España.

Ebers
Con menos de dos años de vida y tan sólo tres empleados en nómina, Ebers se dedica a fabricar “instrumental científico para investigación en ingeniería y tejidos“, según explica Pedro Moreo, uno de sus fundadores. “Dentro de unos años se espera que se puedan regenerar tejidos y órganos, y nosotros nos encargamos de proporcionar material para esas investigaciones”.

Es decir, que una pequeña compañía aragonesa participa como proveedor en el reto de desarrollar tejidos y órganos in vitro que puedan utilizarse para reemplazar otros que estén dañados o hayan dejado de ser funcionales. ¿Cómo puede una compañía tan reciente (se fundó a finales de 2009) y tan pequeña competir en el área de la ciencia de frontera? “Somos las pequeñas las que desarrollamos estas cosas. Luego, cuando los proyectos maduran, es cuando entran las grandes corporaciones y te compran”.

El de Ebers ha sido el proyecto de emprendimiento que ha ganado el premio EmprendedorXXI en Aragón, dentro de la categoría emprendesXXI, destinada a sociedades de reciente creación. “Lo más difícil para nosotros es el tema de las ventas, porque somos científicos de formación, no comerciales”, incide Moreo, para quien “el tema de la financión no es el aspecto que más nos limita, porque yo siempre digo que una buena idea siempre encuentra financiación”.

Desde Asebio inciden en que, a pesar de que “el capital riesgo español no suele invertir grandes cantidades en biotecnológicas españolas y no hay créditos bancarios porque en España el sector financiero no entiende de innovación”, como apunta Emilio Muñoz, existen programas públicos para incentivar la puesta en marcha de este tipo de compañías. “El Ministerio de Ciencia e Innovación ha dicho que a lo largo deeste año, a través de diferentes programas, destinará 280 millones de euros al sector de la salud, con especial énfasis en el ámbito de la I+D+i biofarmacéutica”.

Bird Raptor
Imagine que se encuentra a pie de pista en un aeropuerto y, al mirar hacia arriba, se encuentra un pájaro robotizado volando en círculos. ¿Un robot con forma de pájaro? Parece sacado de una película futurista, pero eso es lo que han creado en Bird Raptor Internacional, otra de las micro- pymes punteras en emprendimiento biotecnológico.

Es como un espantapájaros adaptado“, resume Víctor García, una de las cuatro personas que componen la empresa. “La creamos en 2008, a partir de los estudios del ornitólogo Paolo Iori, que no entendía cómo es posible que todavía se utilice la cetrería tradicional para espantar aves en los aeropuertos “. García se refiere así al empleo de halcones amaestrados en las pistas de vuelo para erradicar las poblaciones de aves que puedan afectar a las aeronaves. ¿Y qué fue lo que planteó Bird Raptor Internacional? Algo tan futurista como un robot. “Es un proyecto que combina aeronáutica, industria y medio ambiente”. En realidad se trata de un pájaro robotizado eléctrico que imita un azor para causar un efecto disuasorio en gaviotas, palomas o estorninos.

“Tenemos unos 45 robots por todo el mundo: Perú, Colombia, Israel, Costa Rica y también en España e Italia. Nosotros proveemos a los aeropuertos, vertederos y piscifactorías el aparato y la formación necesaria para manejarlo. A la larga es más rentable que utilizar halcones, porque lo puedes tener volando siempre que te haga falta”.

A diferencia de Moreo, de Ebers, García sí considera que la financiación es un obstáculo muy profundo para el emprendimiento biotecnológico a pequeña escala. “Los bancos no te financian salvo que te hipoteques tú. Tuvimos suerte de encontrar un business angel y también conseguimos apoyos de Enisa y una subvención del Gobierno de Baleares”. En su opinión, “los tres primeros años son los más complicados, y más cuando tus clientes están repartidos por todo el mundo, porque tienes que viajar mucho y los gastos comerciales se disparan”.

García está convencido de que “si los inversores, los bancos y el capital riesgo fueran a por los proyectos de pequeñas empresas, se verían nichos de mercado muy interesantes”. Y es que para este emprendedor, existe una importante base de capital humano capaz de desarrollar proyectos punteros en el área de la biotecnología sin requerir grandes estructuras empresariales.

Por ello, sobrevuela el temor de una posible fuga de talento hacia otros mercados. “En Estados Unidos, por ejemplo, los bancos sí te financian con cargo a la viabilidad que presentes de tu proyecto, no de las garantías personales”, apunta.

Desde Asebio, el presidente de su comité científico apostilla que “es una pena ver cómo buenos profesionales que han estudiado aquí se marchan a otros países con más oportunidades y mejores sueldos. Esperemos que la cultura de la innovación se implante de una vez por todas en España y se generen oportunidades atractivas para los bioemprendedores, lo que supondría la creación de muchas más empresas de base tecnológica”.

AlphaSip
Algunos emprendedores del área biotecnológica creen que ser pequeños no tiene por qué ser una desventaja, siempre y cuando se compense con “ser ágiles”, como apunta Miguel Roncalés, consejero delegado de AlphaSip, otra micropyme zaragozana que, con siete empleados en nómina, se dedica a producir biosensores nanoelectrónicos para diagnósticos médicos. En esta búsqueda de la agilidad, los idiomas son fundamentales: “En nuestra oficina se habla inglés, francés y castellano. Esta capacidad para colaborar internacionalmente nos hace francamente competitivos”.

Gracias a esta capacidad, la compañía trabaja con el Centro Nacional de Microelectrónica de Barcelona (CNM), con el Departamento de Microfluídica de la Unviersidad de Zaragoza y con el Departamento de Química Analítica de la Universidad Complutense de Madrid dentro de España. En Europa colabora con el Instituto Alemán Fraunhofer Institut y el Laboratorio de Fotónica y Nanoestructuras de Francia, a la par que colabora con grandes empresas de semiconductores francesas, alemanas y holandesas, según cuentan sus responsables. El principal hito de la empresa, hasta la fecha, es un dispositivo orientado a la monitorización de pacientes con problemas cardíacos. “Los grandes laboratorios con los que estamos hablando están francamente interesados. De la misma manera lo están los hospitales y los médicos con los que estamos validando nuestros productos”.

¿Cuál es el mayor problema que ha encontrado esta micropyme, que cuenta con menos de dos años de vida? “Lo más complicado es, sin lugar a dudas, levantar puentes de conexión entre el mundo empresarial y el científico. Como es lógico, los científicos tienen una forma de trabajar acorde a su formación. En el mundo empresarial, más centrado en los resultados económicos, tenemos otra forma de funcionar”.

En lo que respecta a la búsqueda de financiación, Roncalés cree que los concursos de emprendedores constituyen una buena oportunidad. Ellos han sido otro de los ganadores del premio EmprendedorXXI, un galardón que “ya nos está abriendo puertas a financiación, puesto que estamos al habla con business angels de Iese, así como con el fondo de Capital Riesgo de la Caixa. El hecho de ser premiados también nos está dando notoriedad, dado que el acceso a la información gracias a Internet es ya instantáneo”.

Agnitio
Ampliando el espectro del número de empleados, pero sin dejar de salir del nicho de la pequeña empresa, se encuentra Agnitio, una sociedad de 25 empleados que el año pasado facturó más de 2,7 millones de euros con su tecnología de seguridad. ¿En qué consiste? En utilizar aspectos biológicos, como la huella dactilar o el reconocimiento de voz para, por ejemplo, verificar si una determinada prueba de voz pertenece al acusado en laboratorios forenses.

También aplican este método para desarrollar mecanismos de seguridad como llave para abrir una puerta, o acceder a una cuenta bancaria. Agnitio tiene seis años de vida y cuenta con una decena de patentes internacionales. Según datos de la compañía, su solución tiene un 99% de eficacia en el reconocimiento de la voz del usuario, independientemente del idioma y del canal utilizados.

Agnitio es un ejemplo de cómo un proyecto de estas características puede crecer y consolidarse en el panorama internacional en pocos años. “La biotecnología debe ser uno de los motores que impulse la economía en España“, añade Emilio Muñoz, presidente del comité científico de Asebio, “ya que su base es la innovación y esto es precisamente lo que necesita el país para recuperarse. Ahora, sólo hace falta que nos den más oportunidades para lograrlo, ya que los beneficios de la biotecnología en la economía son múltiples por el carácter transversal de los negocios y de las aplicaciones del conocimiento tecnológico en estos sectores”.

BiOncoTech
Muñoz, de Asebio, considera que el campo de la biomedicina es uno de los más activos dentro de este sector. “Acabamos de editar una pipeline biosanitaria que incluye a 54 compañías que aportan un total de 200 proyectos correspondientes a medicamentos y sistemas de diagnóstico para uso humano y 13 productos correspondientes a la salud animal”.

Por áreas de actividad, el presidente del comité científico de Asebio destaca “las neurociencias, en concreto, para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y en oncología“. Una de las pymes más destacadas en este ámbito es Neuron, cuyas investigaciones se centran en el descubrimiento de medicamentos neuroprotectores y preventivos de enfermenades como el Alzheimer. Neuron, con cinco años en el mercado, cotiza actualmente en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB). “Salir al MAB o crear acuerdos de licencias con grandes compañías son buenas formas de financiarse”, apostilla Muñoz.

Quien de momento no lo ha hecho es BioncoTech, una pyme de Paterna creada hace justamente un año que, con sus cuatro empleados, trabaja en el desarrollo de un nuevo concepto de terapia contra el cáncer para el tratamiento de tumores agresivos como el melanoma metastásico, cáncer de vejiga o cáncer de páncreas, enfermedades que no disponen de un tratamiento eficaz. De esta forma, una pequeña empresa se afana por cubrir una necesidad médica hasta ahora exenta de solución.

A pesar de su escaso recorrido (un año en el mercado), ya ha ganado varios galardones, entre ellos el EmprendedorXXI dentro de la Comunidad Valenciana y el V Premio Fundación Biogen Idec Jóvenes Investigadores, concedido a Damià Tormo Carulla, director general de Bioncotech.

AlerGenética
Sin salir del ámbito biosanitario destaca también el caso de AlerGenética. A pesar de que es uno de los proyectos más longevos de cuantos se destacan en este reportaje (nació en 2001) sigue contando con tres empleados que, desde su laboratorio en Santa Cruz de Tenerife, trabajan en el desarrollo de vacunas que modifiquen los mecanismos que originan algunas alergias producidas por hongos.

Se trata de un proyecto a largo plazo, pues la compañía prevé tener diseñada y validada una vacuna entre los años 2016 y 2017. Este empeño le ha valido ser reconocida con el premio EmprendedorXXI de Canarias, dentro de la categoría crecesXXI, para proyectos con un cierto recorrido.

Symborg
Los hongos son también el campo de estudio de Symborg. Se trata de una pyme murciana, nacida en noviembre de 2009, que busca aislar, desarrollar y comercializar microorganismos para aplicaciones agrícolas. De momento ya ha conseguido una tecnología de producción de biofertilizantes a base de hongos.

España cuenta con una cantera de emprendedores biotecnológicos capaces de desarrollar proyectos punteros a nivel internacional. Pero desde la patronal del sector advierten del problema de la financiación una vez iniciada la actividad: “Los primeros estadios de creación de una empresa (entre 500.000 euros y dos millones de euros) suelen estar cubiertos por subvenciones públicas (o créditos) o aportaciones menores de capital riesgo o business angels. El problema se encuentra en las siguientes fases (2 a 5 millones de euros)”, sentencia Emilio Muñoz desde la asociación Asebio.

 

Eleconomista.es [en línea] España: eleconomista.es, 16de junio de 2011, [ref. 13 junio de 2011] Disponible en Internet:

http://www.eleconomista.es/gestion-empresarial/noticias/…