Dr RODÉS: Aspectos científicos biomédicos a desarrollar en los próximos años

2 01 2012

Juan Rodés

Presidente Instituto de Investigación Sanitaria Clínico-IDIBAPS

En el siglo XX se ha producido un gran progreso científico como jamás se había observado en la historia de la humanidad. Este gran progreso científico también ha acontecido en el ámbito de la biomedicina. Hay que tener en cuenta que los objetivos fundamentales de la investigación médica han sido aumentar la esperanza y la calidad de vida del ser humano. Estos objetivos se han conseguido con creces ya que la esperanza de vida al nacer era de 47.3 años en el año 1900 mientras que en el año 2008 era ya de 81.7 años (79.1 años en el hombre y 84.3 años en la mujer). (Figs. 1 y 2).

Fig. 1

Fig. 2

Las causas más frecuentes de muerte también han cambiado. En el años 1900 la mayoría d los paciente fallecían por infecciones especialmente neumonía, tuberculosis y diarrea (Fig. 3).

Fig. 3

En cambio en el año 2010 las causas de muerte más prevalentes son las enfermedades cardíacas, el cáncer y las enfermedades cerebrovasculares (Fig. 4).

Fig. 4

Este aumento de la esperanza de vida ha sido debido no solamente a la investigación biomédica sino también a otros factores de tipo político y socioeconómico (nutrición, salubridad, vivienda y medidas de salud pública). Sin embargo hay que enfatizar que a partir de la segunda guerra mundial la innovación biomédica (nuevos fármacos, y nuevos procedimientos diagnósticos y quirúrgicos) ha sido la causa fundamental para aumentar de una forma tan espectacular la esperanza de vida. Estas nuevas innovaciones han sido la causa más importante qua ha determinado que en estos últimos 30 años el gasto en salud haya crecido 2.8% por año más rápidamente que el resto de la economía en los países más desarrollados (1). Cuando se analiza en que edades se ha detectado un mayor aumento de la esperanza de vida se puede comprobar que las primeras décadas del siglo XX el 80% del aumento de años de esperanza de vida tenían lugar antes de los 65 años de edad, en cambio en la actualidad la situación ha cambiado. En efecto, el 80% del aumento de la esperanza de vida se produce después de los 65 años. Estos datos claramente indican que el objetivo de la investigación biomédica debe reorientarse. En estos momentos es prioritario realizar investigaciones que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos. En este sentido, además, es recomendable que se profundice en el conocimiento del proceso de envejecimiento y en las enfermedades crónicas (2). Para ello es imprescindible potenciar la investigación biomédica básica (Genética, Biología Molecular) y apoyar la creación de Institutos de Investigación Sanitaria para estimular la investigación traslacional. Hoy en día los centros de Investigación Biomédica deben incluir un Hospital Universitario con gran capacidad para desarrollar una investigación clínica de nivel científico contrastado y facilitar la incorporación de investigadores básicos procedentes de la Universidad o del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Estos Institutos además de tener una masa crítica potente, deben ser multidisciplinarios, poseer unas plataformas tecnológicas potentes (Genómica, Metabolómica, Proteómica, Bioinformática, Biobanco, Animalario, entre otros). .

Esta es la única forma de garantizar la realización de una investigación de calidad, internacional y altamente competitiva. La creación de centros monográficos en biomedicina hoy en día no tienen cabida en una política científica racional.

BIBLIOGRAFÍA

1-Fuchs, VR. New priorites for future biomedical innovations. N Engl J Med 2010; 363: 704-705.

2-Schoenborn CA, Heyman. Health characteristics of adults age 55 years and over: Unitated States, 2004-2007. Natl. Health Stat Report 2009;16:1-31.



La declaración de los rectores europeos: AFRONTAR EL RETO DE LA COMPETITIVIDAD

31 01 2011

Para poder innovar, la inversión pública es fundamental. Lo han dicho los rectores de las 22 instituciones que forman parte de la Liga Europea de Universidades de Investigación (LERU), en un manifiesto que han dirigido al Consejo Europeo, que se reúne el 4 de febrero en Bruselas para establecer las bases de la política de los 27 socios en investigación e innovación. No hay en el texto el tono virulento de los panfletos políticos ni el afán iconoclasta que insuflaron las vanguardias artísticas a cada una de sus proclamas, pero está lleno de sentido común. Y tiene, incluso, una innegable vocación didáctica.

“La investigación es la base de la competitividad futura de Europa”. “La innovación es un proceso complejo”. “Es poco habitual que los nuevos conocimientos, obtenidos gracias a los avances científicos, tengan implicaciones prácticas inmediatas”. Estas son algunas frases del manifiesto y son, por así decirlo, de cajón. Pero no hay que darlas por supuestas en una Europa que transmite la sensación de vagar a la deriva. La crisis ha producido tal pánico que muchos Gobiernos han optado por aplicar la tijera justamente en los fondos destinados al conocimiento, donde se juega el futuro.

El problema es que ni la investigación ni la innovación pueden ofrecer resultados inmediatos, visibles, que les sirvan a los políticos para sacar pecho y lucir como medalla en las próximas elecciones. “La investigación de frontera exige paciencia, persistencia e inversiones”, dicen los rectores. Tiempo y dinero. Lo que nunca se les negó a todas esas universidades que, a lo largo de los últimos siglos, permitieron a Europa situarse en la vanguardia de la ciencia y la tecnología.

No sirve la visión a corto plazo, ni los cálculos empresariales de beneficios inmediatos. Uno de los ejemplos que dan los rectores es elocuente. Si no llega a romperse un tubo de ensayo, nunca se hubiera identificado la enzima que corta específicamente el ADN vírico. La ciencia va muy lenta y muchas veces sus éxitos dependen del azar. Hace falta dinero para mantener vivas las líneas de investigación. Lo saben los chinos y los indios y lo sabe Obama, que dijo en su último discurso: “La innovación es nuestra forma de vivir”. Europa debe hacer caso a sus rectores.

Puede consultarse el manifiesto original aquí.

Suscriben este artículo los rectores de la Liga Europea de Universidades de Investigación: Dymph van den Boom (Universidad de Ámsterdam), Dídac Ramírez i Sarrió (Universidad de Barcelona), Leszek Borysiewicz (Universidad de Cambridge), Timothy O’Shea (Universidad de Edimburgo), Hans-Jochen Schiewer (Universidad Albert Ludwig de Friburgo), Jean-Dominique Vassalli (Universidad de Ginebra), Bernhard Eitel (Universidad Ruprecht Karl de Heidelberg), Thomas Wilhelmsson (Universidad de Helsinki), Paul F. van der Heijden (Universidad de Leiden), Mark Waer (Universidad Católica de Lovaina), Keith O’Nions (Imperial College London), Malcolm Grant (University College London), Per Eriksson (Universidad de Lund), Enrico Decleva (Universidad de Milán), Bernd Huber (Universidad Ludwig Maximilian de Múnich), Andrew Hamilton (Universidad de Óxford), Jean-Charles Pomerol (Universidad Pierre y Marie Curie), Guy Couarraze (Universidad de París-Sur), Harriet Wallberg-Henriksson (Instituto Karolinska), Alain Beretz (Universidad de Estrasburgo), Hans Stoof (Universidad de Utrecht), Andreas Fischer (Universidad de Zúrich)

Elpais.es [en línea] Madrid (España): elpais.es, 31 de enero de 2011 [ref. de 28 de enero de 2011] Disponible en Internet:

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Hagan/caso/rectores/elpepiopi/20110128elpepiopi_3/Tes